
“Yo cambié el armamento por el clarinete”, manifiesta Albaro Mondragón García, recluso del Centro Penitenciario de la Región Andina, quien lleva tres años en prisión por tráfico y atracos. “Cuando estoy tocando me transporto, me doy cuenta de que no soy un preso. Me llena y me hace olvidar de todo, me salgo de lo que es la rutina carcelaria”.
García pertenece a “Sueños de Libertad”, un proyecto de la Orquesta Sinfónica Penitenciaria de Venezuela iniciado en octubre de 2007 y conformado por 270 reclusos de tres centros penitenciarios: cárcel de Santa Ana, en Táchira; Centro Penitenciario de la Región Andina, en Mérida, y el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), ubicado en Los Teques. El plan fue introducido hace cinco años en el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia (MIJ) y se concretó luego de que se realizara el convenio entre el Poder Ejecutivo y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv).
García pertenece a “Sueños de Libertad”, un proyecto de la Orquesta Sinfónica Penitenciaria de Venezuela iniciado en octubre de 2007 y conformado por 270 reclusos de tres centros penitenciarios: cárcel de Santa Ana, en Táchira; Centro Penitenciario de la Región Andina, en Mérida, y el Instituto Nacional de Orientación Femenina (INOF), ubicado en Los Teques. El plan fue introducido hace cinco años en el Ministerio de Relaciones Interiores y Justicia (MIJ) y se concretó luego de que se realizara el convenio entre el Poder Ejecutivo y la Fundación del Estado para el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela (Fesnojiv).







